La sabana, el abismo y frío de montaña
enero 19, 2009
Carlos R. Headly

El chirikayen, el único tepuy que siempre es visible
Pero la oportunidad de sentarte y perderte ante la inmensidad, de sentirte conectado y a la vez desconectado del mundo, de dejar que los mosquitos te acribillen y que el ataque de esos dípteros pase a un segundo lugar, sólo puede vivirse en el Parque Nacional Canaima.
El parque está dividido en dos sectores, el occidental y el oriental, el primero es muy popular debido a que en él se encuentra el famoso Auyantepui, la laguna de Canaima, salto el Sapo y la cascada más alta del mundo, el salto Ángel. Pero su acceso a parte de imposible de manera independiente, puede llegar a ser sumamente costoso, debido a cierto carácter ‘elitesco’ (costoso) que se creó en este regalo de Dios, lo cual lo hace despreciable para muchos turistas venezolanos como destino vacacional.
Para bolsillos vacíos
El que esto sea así, obliga a muchos a no conocer ese lado del parque, pero como es sólo una parte de él, normalmente la gente opta por ir a su vecino, la Gran Sabana.
Para que el viaje se haga económico, únicamente es necesaria una vital herramienta para el aventurero de esta nación tropical, una carpa. Se monta todo en el vehículo y es hora de partir.
Héctor Dunn, psicólogo y guía turístico de la región, explica que “lo mejor de la Sabana es hacer a un lado al mundo, porque todo se vuelve mucho más personal y así trazar la vía hacia la paz interior”.
La Gran Sabana queda a unas 5 horas de Ciudad Guayana, hay que tener mucha precaución en algunos de los tramos de la carretera porque son bastante curvilíneos.
Cuando pasas el kilómetro 88, comienza el ascenso por la sierra de Lemma, que no es más que subir por una de las paredes de un tepuy que en su cima tiene a la inmensidad de la Gran Sabana. Mientras avanzas por la sierra, puedes percatarte de la selva nublada en la que te encuentras y que hace un contraste muy marcado con lo lavado y plano del hogar de los famosos Roraima Tepuy, Sorowape, salto Aponwao, entre otros.
“Si eres uno de esos vagos que agarra carretera casi al mediodía, estarás llegando a tu destino en la tarde, por ello debes apresurarte a armar tu carpa, porque no hay nada más tedioso que hacerlo de noche” explica José Jiménez, uno de los tantos temporadistas de la región.
A esa altura de la carretera, una de las opciones más populares para pernoctar es el sumamente abastecido campamento de los Rápidos de Kamoirán; aquí los pemones hicieron gala de su mentalidad progresista y trabajadora, al instalar habitaciones, restaurant y baños limpios, lo que convierte este sitio en un recinto atractivo para los ‘cómodos’ que gustan de lo fácil, aunado a que es la última estación de gasolina que verás hasta Santa Elena de Uairén, así que reabastece.
“Si le molesta un gentío a tu alrededor, un poco más adelante, a mano izquierda, hay una salida muy discreta hacia unos pequeños rápidos llamados ‘Manakachi’, en este lugar los baños son muy limpios y el río es perfecto para darse un chapuzón, lo recomiendo altamente para dormir” señaló Dunn, pues los chozas que tiene, son un refugio perfecto para armar la carpa y protegerla de la lluvia.
A la mañana siguiente, posterior a recoger todo, se puede regresar estratégicamente a Kamoirán y comer algo; después de esa ‘bala fría’, se arranca y sólo queda embriagarse con la inmensidad y el silencio de la Gran Sabana.
Sería absurdo recomendar lugares en particular, porque todo es digno de verse, así que la invitación es a pararse donde guste, tomar fotos, hablar con los indígenas, cualquier cosa es válida, pero recordando preservar el ambiente y respetar las creencias de los pemones.
Sin calor
Si se cuenta con una camioneta o disposición a pagar por el servicio, la recomendación es a ir al Paují. Para aquellos que se quejan del calor, este pueblito es la opción, su salida queda en la vía hacia la frontera, y aunque su carretera es de tierra, está en muy buen estado.
Al llegar allá, el clima de montaña y las tartaletas que se venden en su puesto de información turística, llevan a la Gran Sabana a otro estadio de satisfacción.
El principal atractivo del Paují es la cercanía que tiene con el Abismo, este significa el fin de la Gran Sabana y es una depresión de tal tamaño que vale la pena sentarse a verlo sin hacer nada más.
Ya de regreso a Santa Elena hay dos opciones, o pernoctar ahí o volver a la sabana, si se queda en la ciudad, es recomendable probar unas hamburguesas muy buenas que hacen por la calle Bolívar.
El día de despedida, hay que detenerse un segundo a ver lo que se deja, hacer la promesa de regresar y gozar el viaje a casa, con el cuerpo y la mente revitalizados. De arreciar el hambre en el camino, se puede hacer pausa en el Cintillo y comer una buena cachapa con abundante queso guayanés. Vive la Gran Sabana porque no te arrepentirás.
Para contactar con Héctor Dunn y conocer la Gran Sabana, la página es:
Convéncete de ir, viendo este video.